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Café irlandés





Si bien no pensaba escribir cuentos en este espacio; me pareció que éste, está acorde con las circunstancias.
Les invito un "Café irlandés": Un cuento que escribí en el 2005 y el cual fue seleccionado para ser publicado en "El arca de los cuentos" de Editorial Dunken.


Café irlandés


Comenzamos a hablar por circunstancialidad. Ella dijo:

-Siempre quise saber, qué le da este sabor especial. -Yo la miré y pregunté:

-¿qué?

-Hablo del café irlandés. -respondió.

En esa época, yo estaba haciendo un curso de fotografía, y cada miércoles -luego de la clase- iba a un bar ubicado en la Avenida Corrientes al 700, para pasar un rato al que suelo llamarle: soledad en compañía.Pregunté si podía sentarme a su mesa y ella aceptó.Al principio hablamos de temas triviales; de lo que suelen charlar dos personas que lo único que conocen una de la otra es: ese entorno concreto actual sin pasado -que en la mayoría de los casos, alcanza un futuro a corto plazo-, y cuya duración está supeditado a lo que dure la conversación y hasta quizás, condenado, a ni siquiera ocupar un lugar en nuestra memoria.Pero en esa oportunidad, todo indicaba que no respetaríamos el inquebrantable código de este tipo de charlas casuales, y fue así, que fuimos adentrándonos en aspectos más íntimos de nuestras vidas.Ella me dio a probar de su café, y en unos minutos, nos vimos en la necesidad de repetir el pedido. Esta vez fueron dos.A medida que la conversación avanzaba, no pude evitar el distraerme por momentos, perdiendo el hilo de la charla; lo que en ningún instante se debió: a un escape por falta de interés en la misma, sino mas bien, a la falta de resistencia, de mi parte, ante su belleza. Por lo que, bastaba sólo un gesto, una mirada y hasta inclusive un silencio -los que manejaba con precisión poética- para que tanto sus palabras, como el entorno mismo, pasaran a un segundo plano. Yo sólo quedaba observándola, sin atreverme a interrumpir.Comenzamos a frecuentarnos. En un principio fueron: salidas al cine, a algún pub donde tocaran jazz -a ella le fascina-, o simples caminatas en las que nos sorprendía la noche en sitios que no conocíamos.Y no pasó mucho tiempo antes de que, nuestras salidas -al igual que aquellos silencios de nuestro primer encuentro- se convirtieran en palabras no pronunciadas en su cuerpo, en el sutil lenguaje de su aliento en mi cuello, en el agridulce sabor de su esencia en mi boca; y nos recluíamos en mi departamento durante días.Cada mes, nos citábamos en aquel café, para repetir a modo de juego, el encuentro que había dado inicio a nuestra relación; y ella comenzaba diciendo:-Siempre quise saber, qué le da este sabor especial.Claro está que, al no entrar en juego la espontaneidad, corríamos con cierta ventaja con respecto a nuestra primera charla; lo que nos brindaba la posibilidad de manejar a nuestro antojo la situación, improvisando así, diferentes formas de: cómo podría haber sido la misma; las que a veces, eran de un ingenio tal que, no podíamos mantener la seriedad en nuestros papeles y estallábamos en unas carcajadas.Fue así que, un miércoles asistí a lo que sería nuestra décima cita. Al sentarme a la mesa en la que solía hacerlo siempre, se acercó el mozo y me entrego una nota. Era de Camila -ese es su nombre-, y la misma decía:

"No pido me disculpes por no tener el valor de hacer esto en persona, pero sí que me comprendas. Sabes que me sería difícil hacerlo de esa forma, pues me convencerías a desistir de mi decisión. Conocí a otra persona. Su nombre es Pablo. Mentiría si te dijera: que sé como paso; ya que tanto vos como yo sabemos, que hay cosas que ocurren por casualidad.

Camila"

No volví a tener noticias acerca de ella. Ni siquiera intenté llamarla. Aunque mantuve la costumbre, y es así que, el segundo miércoles de cada mes, voy al bar de la Avenida Corrientes al 700 y me siento en la mesa de siempre.Si alguno de ustedes suelen frecuentar este bar, en busca de: un momento de soledad en compañía, no tienen más que acercarse a la barra, pedir un café irlandés y sentarse a mi mesa. Sólo deben preguntar por Mónica.

Gabriel Parrinello (codename: steppenwolf)

3 comentarios:

Exodus dijo...

wow...no tengo palabras. es fascinante. El final es triste pero a la vez tierno el pensar q uno de nosotros (los lectores) podria encontrarse con el narrador de la historia sólo pidiendo un irlandés. Me gusta la idea, me gusta mucho. :D

Matias dijo...

Me gustó mucho. El doble final sorpresivo te deja pensando y una sabe que, en realidad, nada sucede por casualidad. Espero el "Arca de los cuentos" con emoción. Mi cuento "Esperando el Amanecer" también está ahí. Saludos.

steppenwolf dijo...

Como suelen decir, ¡que chico es el mundo!, y se ve que la red de redes, no está excenta de estas sorpresas. Gracias por tu comentario y me alegro de que te haya gustado.
Ya estoy buscando el bosquejo del libro que nos envio Dunken, para leer tu cuento.
Me imagino que habrás recibido el mail informando la fecha de la presentación, así que, nos estamos viendo el 05 de marzo.


Un abrazo